¡Qué gran mentira! Me divierte esto de que cuando alguien vea el título crea que lo afirmo y en realidad no estoy nada de acuerdo. ¡Pero más me divierte pensar que estoy en contra de un dicho popular! Y hay tantos como éste... Me dan risa, simplemente. Creo que alguien quiso hacerse el filósofo, y que haga lo que quiera con su vida, pero que no haga popular una mentira. Porque muy pocas personas pueden tropezar y no caerse, tanto en lo que sería lo literal como lo que podríamos llamar una metáfora... ¡Admiro a quienes pueden tropezar y no caerse! A quienes cometen un error y no caen, y lo arreglan y siguen (aquí no hay quien siga, no es casualidad). Tal vez en vez de darme risa la persona que creó esta (ridícula) frase, termine admirándola, si es que pudo tropezarse y no caer. Me utilizaría como ejemplo para contar las mil y una situaciones en las que demuestro que este dicho es una pura mentira, pero acá no estoy para hablar de mí. No sé para que estoy, tampoco quiero saberlo, ni ustedes quieren saberlo. ¿A quién le importa? Lo importante es que estoy y hablo. Y digo lo que siento, lo que me surge, lo que se me antoja, lo que tengo ganas. Porque hago lo que quiero. Vos también hace lo que quieras. No me interesa.
sábado, 22 de marzo de 2008
Un tropezón no es caída
¡Qué gran mentira! Me divierte esto de que cuando alguien vea el título crea que lo afirmo y en realidad no estoy nada de acuerdo. ¡Pero más me divierte pensar que estoy en contra de un dicho popular! Y hay tantos como éste... Me dan risa, simplemente. Creo que alguien quiso hacerse el filósofo, y que haga lo que quiera con su vida, pero que no haga popular una mentira. Porque muy pocas personas pueden tropezar y no caerse, tanto en lo que sería lo literal como lo que podríamos llamar una metáfora... ¡Admiro a quienes pueden tropezar y no caerse! A quienes cometen un error y no caen, y lo arreglan y siguen (aquí no hay quien siga, no es casualidad). Tal vez en vez de darme risa la persona que creó esta (ridícula) frase, termine admirándola, si es que pudo tropezarse y no caer. Me utilizaría como ejemplo para contar las mil y una situaciones en las que demuestro que este dicho es una pura mentira, pero acá no estoy para hablar de mí. No sé para que estoy, tampoco quiero saberlo, ni ustedes quieren saberlo. ¿A quién le importa? Lo importante es que estoy y hablo. Y digo lo que siento, lo que me surge, lo que se me antoja, lo que tengo ganas. Porque hago lo que quiero. Vos también hace lo que quieras. No me interesa.
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El peor día de mi vida
Que asqueroso día el 24 de Marzo de 2008. Esos son los días que habría que eliminarlos del calendario, borrarlos, tacharlos, surpimirlos, taparlos, omitirlos u olvidarlos. Olvidemos que existió. Pasemos del 23 al 25 sin dudarlo ni cuestionarnos absolutamente nada. Porque hace 32 años hubo un golpe militar. No fue una dictadura como las anteriores, fue macabra, maligna, cruel, torturadora, que mató no solo a 30.000 almas si no a 30.000 familias. Y eso no tiene perdón, hay que hacer justicia. Y la única manera que podemos hacer justicia es recordando, siendo concientes, no puede ser que gran parte de la población (el 41%, según Clarín) no sepa por qué el Lunes 24 de Marzo de 2008 pudo quedarse un día más en sus mini-vacaciones en la costa, o faltó al colegio (significó día de festejo tal vez), o dejó de trabajar, o lo que fuere. Sea como sea, la dictadura militar no es el tema por el que quiero y necesito escribir, si no lo que pasó particularmente este 24 de Marzo. Se murió alguien muy importante en mi vida. No viene al caso ni nombrarlo, ni señalarlo, no porque no lo merezca, merece muchísimas cosas que nunca voy a poder darle, si no porque no tengo ganas. Me siento mal. Mal por diversos motivos, por muchos, y no puedo evitar intentar convencerme con eso de que esta mejor en donde esta ahora, porque no voy a mentir que no es hermoso creer eso, pero quién sabe. Como todo, intentamos respondernos cosas a las cuales no tenemos idea solamente por nuestro propio bienestar, nuestra propia salud mental. Yo quiero ser sensata, no me convence decir que está mejor donde está ahora porque no lo sé, ojalá supiera, ojalá. El punto es que me siento culpable. Ése es uno de los puntos. ¿Por qué no te llamé más? ¿Por qué no te daba mucha charla cuando me llamabas? ¿Por qué en vez de molestarme porque tu llamado interrumpía lo que yo estaba haciendo no esbozaba una sonrisa porque te tenía, porque podía escuchar tu voz, tus silbidos, tus comentarios? ¿Por qué? ¿Por qué no te visité más? ¿Por qué no te repetí más veces que te quiero muchísimo? No lo sé. Eso me da culpa. Me siento una mala persona, te extraño mucho, aunque fue hace solamente tres días que te perdimos, extraño más que nada la idea de saber que te tenía, aunque no la valoraba, ahora me doy cuenta que eso me daba tranquilidad. Porque tal vez estaba meses y meses sin verte, pero sabía que estabas. Tal vez enferma, tal vez triste y deprimida. Pero estabas, seguías llamando a mi casa, sea cual fuere la razón por la que llamabas. Escuchaba tu voz, reíamos aunque sea unos segundos. Me mata la culpa. Mis amigas me explican, que es común en un adolescente. Pero ahora no me importa qué es común o no, porque yo extraño saber de tu existencia física, por más de que en mi corazón vas a estar por siempre. Te juro por lo que me queda acá en la tierra que no te voy a olvidar nunca, nunca, y que valoro mucho todo lo que luchaste, todos tenemos un tope, este fue el tuyo. Ahora es cuando quiero autoconvencerme y digo: estás en un lugar mejor. Es lindo pensarlo, y quién te dice que no es así? Sé que vos sabés de mi dolor, de mi tristeza, sé que estás dando vueltas por acá, sé que podés escucharme, verme, que me ayudás y me guías aunque yo no lo note, puedo sentirlo.
Gracias por lo que me diste en estos años de toda mi niñez, abuelita. Te quiero muchísimo, dificil explicarlo en palabras, este sentimiento me ahoga, no me deja respirar, me disperso de a ratos pero después vuelvo a sentir esa soga que no me deja olvidarme, y le agradezco, no quiero olvidarme, nunca voy a olvidarme de vos ni de todo lo que me diste, nunca, y sé que esta culpa se va a ir, tal vez así tenga que ser. Te quiero de acá hasta el cielo. Y nunca usé esta frase tan bien. Te voy a extrañar, abuelita.
Gracias por lo que me diste en estos años de toda mi niñez, abuelita. Te quiero muchísimo, dificil explicarlo en palabras, este sentimiento me ahoga, no me deja respirar, me disperso de a ratos pero después vuelvo a sentir esa soga que no me deja olvidarme, y le agradezco, no quiero olvidarme, nunca voy a olvidarme de vos ni de todo lo que me diste, nunca, y sé que esta culpa se va a ir, tal vez así tenga que ser. Te quiero de acá hasta el cielo. Y nunca usé esta frase tan bien. Te voy a extrañar, abuelita.
2 comentarios:
- sos una divina.
me gusto mucho tu interpretación...
si soy/fui tu musa inspiradora, sería copado que me digas quien sos.
un afecto grande terricola!
- Ay! me quede congelado. Me sentí muy indentificado en la mitad, en la parte de no valorar las cosas cuando uno las tiene a mano.
A mi me pasa eso con mi mamá (la cual ví por última vez en mayo y en navidad). Nunca nos llamamos, ni demostramos que nos extrañamos...
Quizás ahora no sienta culpa. Es más, no la siento. Pero se que cuando ella no esté más acá, me voy a arrepentir por todo lo que no hice a su momento.
Me gusto mucho como te expresás. Me hiciste sentir cómodo para contarte mi vida Trebol.
Me gusta el anonimato pero me desespera la intriga!
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